Mostrando entradas con la etiqueta revistas científicas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta revistas científicas. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de enero de 2011

El engaño antivacunas

Escribo esta entrada impresionado por las últimas noticias sobre Andrew Wakefield. Para quien no esté al día sobre este tema, Wakefield publicó aquel artículo en el que pretendía ligar el autismo con la vacunación. Al poco, las dudas empezaron a surgir (mala metodología, datos sesgados, etc.), y finalmente se retiró el artículo. El daño estaba hecho, y la vacunación de niños (se trataba de la triple vírica, pero los antivacunas lo extendieron a cualquier otra) disminuyó, a la vez que volvían enfermedades ya olvidadas.

Pero lo terrible es que Wakefield no era un mal científico o que hubiese exagerado en su artículo. Parece ser que todo estaba premeditado. Su artículo sobre la relación entre las vacunas y el autismo tenía como objetivo favorecer a una serie de operaciones destinadas a enriquecerle (patentes sobre vacunas, pleitos contra farmacéuticas, etc.). Es decir, mintió a sabiendas y premeditadamente. Y las consecuencias fueron y seguirán siendo gravísimas. Muchos niños sufrirán horribles enfermedades que se creían cosa del pasado, e incluso morirán, porque sus padres asustados no les llevarán a ponerse la triple vírica y otras vacunas.

Para decirlo claramente, lo que ha hecho este individuo es equivalente a la acción de un terrorista colocando una bomba biológica en una guardería. Sólo que es una guardería con cientos de miles de niños.

Recomiendo visitar los blogs de RinzeWind y Javier Armentia, donde hay información mucho más completa:
http://rinzewind.org/archives/2011/01/18/sobre-las-vacunas/
http://javarm.blogalia.com//historias/68678

Y, para acabar, un vídeo de los geniales Penn & Teller, donde queda claro que los padres no son precisamente otras víctimas inocentes:

domingo, 23 de noviembre de 2008

Calidad y exigencia en los congresos científicos

Vuelvo de un congreso en Utrecht (Países Bajos). Un poco decepcionado por las comunicaciones presentadas como pósters. Si bien es cierto que suele haber buen nivel, sí que es verdad que, en muchos casos, la calidad es muy deficiente.

Conclusiones que no se desprenden de los resultados, falta de controles adecuados, experimentos ya realizados, con conclusiones ya conocidas, trabajos financiados por empresas y que sospechosamente concluyen el buen funcionamiento de sus productos, etc. ¿Quién diría que una correlación con r menor de 0,5 (Pearson) es un buen resultado, por muy significativo que sea? Pues eso lo vi en un póster, con la conclusión de que, apoyándose únicamente en tal correlación, un nuevo aparato era tan efectivo como la metodología estándar.

El problema es que este congreso utiliza un sistema de peer review para revisar los abstracts, y que estos acaban publicados en una revista internacional indexada en el SCI (más Pubmed, etc.). Aunque no fuese así, como científicos, deberíamos tener más exigencia en la selección de los trabajos que van a congresos. Sin contar con el abandono total que sufren algunos pósters. Los "responsables" los cuelgan y se van a hacer turismo (o los cuelgan colegas que les han hecho el favor de llevarlos).

En muchos congresos se penaliza a los participantes que no llevan su trabajo al congreso (generalmente, no se admiten trabajos de ese grupo en las siguientes dos convocatorias). Yo no sólo estoy completamente de acuerdo con esta medida, sino que sería más estricto con las presentaciones. Si uno quiere darse una vuelta para ver otros pósters, siempre puede dejar un aviso al lado del póster, dejar sobres para sugerencias, preguntas, tarjetas, etc.

Necesitamos más calidad y más exigencia en los congresos. Por mi parte, a menudo me llegan peticiones para revisar artículos enviados a revistas, y algún proyecto de cuando en cuando. Tomo nota de los "descuidados" (son recurrentes), y, hasta que no vea más calidad, doy menos importancia a las contribuciones a ciertos congresos. Se siente.

Cambiando ligeramente de tema, he asistido también al análisis de la situación de una revista. Resulta que el índice de impacto ha bajado en los dos últimos años, y se atribuye al aumento de artículos sin una correspondiente subida de citas. La conclusión del comité editorial es que los usuarios de la revista deberían citar más... no estoy de acuerdo. De nuevo, tal vez se debería aumentar la exigencia. Conozco la revista, y he de decir que hay artículos que escapan a la mera consideración de ser "flojos": son directamente nefastos, con fallos graves en el diseño experimental y, principalmente, en el tratamiento estadístico (ya hablaré del "missuse" de las correlaciones para comparar métodos).

Pero realmente me preocupa que se tomen decisiones fijándose en el índice de impacto. La calidad y prestigio de una revista son cuestiones multidimensionales, y no las podemos reducir a un solo número. No digo que no se use el índice de impacto, y muchos de los que lo critican no lo hacen porque estén preocupados por la calidad o la fiabilidad de las evaluaciones (ejem). Lo fundamental es buscar la calidad. Si eso se consigue, el índice de impacto lo seguirá, pero no al revés.

viernes, 22 de agosto de 2008

Libertad intelectual

Harto de leer tonterías sobre "impropiedad" intelectual, impuestos revolucionarios (canon) y sociedades mafiosas ($GAE y similares), a uno le alegra el día ver iniciativas como la adoptada por la Rockefeller University para sus publicaciones:
(pinchando sobre la imagen se llega a un artículo en JEM que explica el asunto más en detalle)

En resumen, las revistas publicadas por Rockefeller University Press (RUP) (JCB: The Journal of Cell Biology, JEM: The Journal of Experimental Medicine, y JGP: The Journal of General Physiology), y editadas por Higwire Press, pasan a tener una licencia especial: Creative Commons Attribution-Noncommercial-Share Alike 3.0 Unported License. De nuevo, en el enlace tenéis más información, pero el logo (cc) os da una pista. Al contrario que el abusado copyright [ya sabéis, (c)], que te obligan a pedir permiso para hacer cualquier cosa con una obra, las licencias de Creative Commons permiten al autor especificar qué se puede hacer, con las condiciones que se consideren oportunas, y para qué hay que pedir permiso.

Lo que ha hecho RUP es permitir que cualquiera (incluyendo los propios autores) puedan reutilizar el material de los artículos que publican, así como compartir el trabajo libremente, y eso sin tener que pedir permiso. Sólo se deben respetar tres condiciones: dar crédito (es decir, a los autores y a RUP en este caso), no utilizar para propósitos comerciales y, en caso de producir una obra derivada, utilizar el mismo tipo de licencia. N.B.: estas normas pueden no aplicarse, pero para ello hay que pedir permiso a RUP.

Cabe apuntar, por si no estaba claro, que el copyright, la propiedad de la obra, pertenece en general a las editoriales, e incluso los propios autores lo tienen a menudo crudo (al menos, sobre el papel) para incluso reutilizar su propio material (en revisiones, presentaciones, etc.). Para más información, léase a Marx en aquella parte en la que habla de la diferencia entre enajenación y alienación.

Tengo que añadir que las revistas publicadas en Higwire Press hace tiempo que han puesto sus archivos a disposición del público. Una vez que pasan de 6 a 2 años (período de "embargo"), dependiendo de la revista, se pueden bajar los artículos completos sin necesidad de bajar. Lo que ha hecho RUP es un paso más (en este caso, el período de embargo es de 6 meses), y es de esperar que otras revistas la sigan. Además, Higwire Press fue una de las primeras editoriales con revistas no "Open Access", en la que vi la opción de publicar los artículos como "Open Access", aunque de momento es una elección bastante cara.

Un motivo más para publicar en unas revistas (como éstas, éstas o éstas), y pensárselo dos veces antes de mandar nuestros trabajos a los carceleros del conocimiento (como aquí, aquí o aquí).

Tinta roja

Tengo un montón de asuntos pendientes para escribir aquí, pero hoy toca quejarme de algo.

Como tal vez sepáis, cuando se envía un trabajo para ser publicado en una revista científica, éste pasa primero por lo que se llama el peer review, esto es, revisión por pares. Hay gente a la que no le gusta la expresión revisión por pares, pensando tal vez que se trata de una malatraducción, una confusión del tipo false friend (palabras de distintos idiomas cuya grafía es similar, pero sus significados muy diferentes). Sin embargo, la primera acepción de par en el diccionario de la RAE es:

1. adj. Igual o semejante totalmente.

Con lo cual, revisión por pares me parece correcta. ¿A qué esta digresión? Pues porque lo que sucede es que el editor de la revista manda tu trabajo a varios (generalmente dos) revisores, que son científicos de tu misma área (es decir, tus pares o iguales). Estos revisan el trabajo críticamente y envían al editor su parecer sobre el destino del trabajo (aceptado o rechazado) y, lo que es más importante, sugerencias y correcciones.

A mí me llegan tales peticiones de vez en cuando, e intento esmerarme (o lo intento), sobre todo en la parte de las sugerencias. Es una actividad que, excepto en el caso de revistas realmente importantes, se hace gratuitamente, y sacrificando un tiempo muy valioso. Se hace porque el sistema de peer review es, de momento, el mejor sistema para asegurar un cierto filtrado, y es lo que da cierta garantía a las revistas científicas. Y es una buena actividad para desarrollar el sentido crítico, y mejorar los trabajos propios.

Recientemente me ha llegado una petición, y la he rechazado nada más abrir el PDF. No ha tenido nada que ver con la calidad del trabajo. De hecho, ni lo he leído, ni he rechazado el trabajo en sí. He rechazado realizar la revisión. El manuscrito estaba escrito con tinta roja.

No es superstición. La razón es simplemente que un texto en rojo es difícil de leer, y que no cuesta absolutamente nada cambiar el color del texto en un procesador de textos. El enviarlo así demuestra una falta de tacto considerable por parte de los autores, así como falta de cuidado. Y es que el aspecto, redacción, lenguaje, etc., en suma, el estilo del manuscrito, cuenta mucho en la actitud del revisor. Sea tu trabajo bueno o malo, al menos haz la revisión agradable, que es una actividad voluntaria y sin compensación económica.

Claro, que cierta culpa la tienen los editores de las revistas, que muchas veces son demasiado tolerantes con los autores en este aspecto. En primer lugar, todas las revistas tienen sus normas para la redacción de trabajos, que pueden ser tremendamente detallistas, como en esta revista. Sin embargo, a menudo uno se encuentra con artículos que no respetan las normas más básicas. ¿Cómo vas a decir a un autor dónde debe hacer una corrección, si no ha numerado las líneas del trabajo?