La cría de ganado vacuno emite más CO
2 que el tráfico aéreo. Anuncio de las compañías aéreas. Falaz como pocos.
Sin pararnos a comprobar la veracidad de la proposición en sí, vamos a ver que estamos comparando peras con manzanas. Se trata de una falsa analogía, y, como tal, vamos a refutarla haciendo evidente las diferencias entre los dos casos.
En la naturaleza existe el llamado ciclo del carbono (igual que existe el del agua, nitrógeno, etc.). Considerando sólo los seres vivos, sabemos que casi todos emiten CO
2 como consecuencia de la respiración. Este CO
2 es captado por los organismos fotosintéticos y fijado en forma de compuestos orgánicos, que son eventualmente oxidados, volviendo el carbono a la atmósfera como CO
2.
Este es un ciclo cerrado. Nada entra, nada sale. El flujo neto de CO
2 es 0.
Por supuesto, en este ciclo influyen factores geológicos. El CO
2 puede disolverse en el agua y acabar precipitando como carbonato, formando rocas calizas. Estas rocas pueden acabar liberando el CO
2. Restos orgánicos con toneladas de carbono fijado pueden ser enterrados por sedimentos y formar yacimientos de carbón o petróleo, reduciendo el carbono disponible para los organismos vivos. A su vez, estos depósitos de carbón e hidrocarburos pueden aflorar naturalmente y, mediante combustión o la oxidación de microorganismos, liberar CO
2. Estos factores pueden ocasionar variaciones netas del CO
2, pero ocurren a escala geológica, es decir, sólo cuando comparamos períodos separados por miles o millones de años.
Volvamos a la comparación entre vacas y aviones. La razón de que la analogía no sea válida es que las vacas se encuentran en el ciclo del CO
2 correspondiente a los seres vivos, mientras que los aviones forman parte de las actividades que han alterado el ciclo geológico.
Las vacas comen hierba. El carbono de la hierba es oxidado por las bacterias del estómago de las vacas y por las vacas mismas, y vuelve a la atmósfera como CO
2. Sin embargo, la hierba del prado vuelve a crecer, y para ello fija una cantidad equivalente de CO
2. El resultado neto es 0 (aunque luego haré una puntualización).

Los aviones comen queroseno, extraído del petróleo. El petróleo se extrae de depósitos geológicos que han estado durante millones de años aislados de la biosfera. Todo ese carbono ancestral es oxidado a CO
2, que se libera a la atmósfera. El resultado neto no es 0, sino que hay un incremento del CO
2 atmosférico. Se puede decir que, a escala geológica, el resultado neto es también 0, pero la biosfera no funciona en la escala geológica, o, al menos, no nos interesa que funcione así. Cambios de esta escala pueden ocasionar variaciones bruscas a corto plazo, como el cambio climático.

Por lo tanto, las vacas y los aviones no son comparables, porque el CO
2 que emiten no viene del mismo sitio. Cabe considerar que la cría de vacas produce CO
2 extra porque requiere electricidad, combustible para maquinaria, etc.. Sin embargo, esto es hacer trampa de nuevo, ya que el uso de estos recursos no es exclusivo de la ganadería, y de la misma manera se podría criticar cualquier otra actividad (reducción al absurdo).
Como punto final, la puntualización que prometí. Las vacas producen metano. Realmente no son las vacas, sino las bacterias de su estómago. El problema es que el metano es un gas que produce también efecto invernadero, y más eficientemente que el CO
2. Esto puede ser un problema y un motivo para regular la ganadería bovina, o como incentivo para mejorarla (¿bacterias modificadas para producir menos metano?), pero no hace que el nuevo lema de las compañías aéreas sea más cierto.